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El Sonido Grunge; grupos 1980-1992

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En abril de 2015 se cumplirán 21 años de la extraña muerte de Kurt Cobain, el genial líder de Nirvana. Cobain fue un excelente compositor, dueño de un talento asombroso que se valió de sus canciones para escupir toda la rabia acumulada desde su infancia. Debido a la trágica muerte de su cantante, la banda de Seattle ha pasado a la historia como el estandarte del llamado sonido “Grunge” que conquistó el mundo a principios de la década de los noventa desde la capital del estado de Washington. Pero mucho antes de que Nirvana y su mítico álbum “Nevermind” cambiaran el curso de la historia de la música en las navidades de 1991, Seattle llevaba más de un lustro siendo el “hervidero” de un montón de grupos que habían nacido bajo los grises cielos de una tierra verde y fría, alejada del resto de la escena musical, a principios de los ochenta. Soundgarden, Pearl Jam, Nirvana y Alice In Chains tuvieron unos maestros que nunca alcanzaron la popularidad de sus alumnos. Sirva este artículo como homenaje a los olvidados pioneros y a los supervivientes del “Grunge”.

El sonido Grunge

A lo largo del siglo XX, desde que el rock n’ roll explosionara en 1954 (hace exactamente medio siglo), continuamente un novedoso movimiento musical ha dado la réplica a su caduco antecesor. Los primeros rockabillies tomaron el relevo de los “crooners”; Elvis sucedió a Sinatra; Hendrix, Led Zeppelin y Pink Floyd hicieron los mismo con The Beatles; Van Halen y Sex Pistols rompieron con la monotonía de Clapton y Supertramp y The Melvins se revelaron contra el ya instalado panorama corporativo disfrazado de industria musical, en donde reinaban Guns N’ Roses, Poison y W.A.S.P., entre otros.

Bosques, garajes, cafés y guitarras sucias

Siguiendo con el Grunge, a principios de los 80’, Seattle era una ciudad depresiva, aislada del resto del planeta, donde promover algo cultural era casi tarea imposible. La mayoría de los grandes grupos y artistas que se embarcaban en una gira por EEUU no solían acercarse ni a Portland ni a Seattle. Como más tarde afirmaría el famoso productor Jack Endino, “cuando el tiempo es una mierda y te quita las ganas de salir a divertirte, la única opción que te queda es reunirte con tus amigos en un sótano, coger una guitarra y hacer todo el ruido posible que te haga olvidar tu frustración”. 

En 1988, cuando la recién nacida compañía discográfica Sub Pop consiguió editar el primer single “casero” de Mudhoney “Touch Me I’m Sick”, muy pocos locales en Seattle daban cobijo a todas aquellas bandas “underground” que demandaban a golpe de guitarra un cambio en la robotizada escena musical norteamericana. Muchos grupos y músicos de la escena local habían tirado la toalla, cambiando la los inmensos bosques del noroeste del país por las cálidas brisas de California. The Blackouts se marcharon a Chicago y se rebautizaron bajo el nombre de Ministry y los pioneros The Melvins cambiaron la depresiva Aberdeen por el cálido y acogedor San Francisco. Fue entonces cuando todos aquellos grupos formados por amigos y compañeros de instituto, que ensayaban y tocaban canciones de Black Sabbath, Sex Pistols o Led Zeppelin, decidieron “asaltar” los escenarios y mostrar sus propias composiciones ante una audiencia deseosa de sentir la música desde su rostro más honesto: la crudeza del directo. 

Se puede afirmar que durante los cuatro primeros años de la década de los 80’, la única banda que tuvo un importante eco en los ambientes nocturnos underground (grunge) de Seattle fue el trío formado en Aberdeen, The Melvins. Dale Crover, Joe Preston y el héroe local Buzz Osbourne sentaron las bases del famoso movimiento musical, convirtiéndose en el referente de todas aquellas bandas que triunfarían en la siguiente década. En 1985 C/Z Records publicó un LP que contenía una jugosa recopilación de canciones de los grupos locales que más estaban dando de qué hablar en aquella época. Entre la colección de bandas se encontraban los propios The Melvins, Green River, Mudhoney, Screaming Trees, Soundgarden, Tad, The U-Men y Malfunkshun, el primer proyecto de un talentoso vocalista llamado Andrew Wood, quién más tarde formaría Mother Love Bone, otra de las bandas de referencia. Todas ellas se caracterizaban por tocar el sonido “sucio” de sus guitarras y los pesados golpes de batería. 

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Sin nada que perder

Aquellas primerizas formaciones, de las que entraban y salían músicos continuamente, que apenas contaban con la ayuda de un puñado de bares y locales que les abrieran sus puertas, encontraron su “mecenas” en Bruce Pavitt y su plataforma de despegue en su fanzine Sub Pop. Pavitt y su socio Jonathan Poneman diseñaban y editaban (con pocos medios económicos y mucha imaginación) una revista underground que muchas veces se acompañaba de un cassette con maquetas de los grupos independientes de la zona de Seattle. La aceptación fue importante y los dos decidieron crear una pequeña compañía de discos que finalmente daría ese empujón necesario para que el, más tarde conocido como movimiento grunge, comenzara a ser escuchado más allá de la ciudad norteamericana. Con el mismo nombre que el fanzine, Sub Pop editó el primer single de Soundgarden y el primer Ep de Green River. La filosofía que impulsaba el proyecto Sub Pop era la idea del perdedor, ésa era su marca. El perdedor iba a ser el héroe de la década que comenzaba. Como más tarde afirmó Kurt Danielson, del grupo Tad, “no tienes nada que perder porque ya estás en un nivel de pobreza que te frena cualquier cosa que quieras hacer. Pagas tus impuestos y no consigues salir adelante, obligado a vivir en un cochambroso apartamento. Trabajas incansablemente durante toda la semana y sigues atrapado en el pozo”. 

Pero no sólo de buenas intenciones subsistía Sub Pop. A parte de Pavitt y Poneman, también destacó un productor que fue el responsable del “sonido Seattle”. Jack Endino, que también tocaba la guitarra en algunas grabaciones, sabía captar el espíritu y las necesidades de las bandas con las que trabajaba, ideándoselas para conseguir el mejor sonido posible con los menores costes. Vamos, que se las ingeniaba para dar con la forma más rápida y barata posible que le permitiera grabar en muy pocas tomas la canción final de la banda con la que estaba trabajando. Un claro ejemplo fue el disco de debut de Nirvana “Bleach”, que fue grabado en 1989 por Jack Endino en un estudio de Seattle en muy pocos días, por tan sólo 600 dólares (mezclas aparte). Teniendo en cuenta las cifras astronómicas se pagaban y se pagan por las largas sesiones de grabación en un estudio, nos damos cuenta que Endino era un virtuoso de la “sala de mandos”. El disco de Mudhoney “Every Good Boy Deserves Fudge”, de 1991, fue concebido por 3.000 dólares, buen precio sabiendo que la banda ya tenía una situación bastante buena en el mercado discográfico independiente.

El gruñido de una generación

Pero el éxito mundial del emergente Grunge fue más allá de la frescura y calidad de sus grupos. Los jóvenes se sintieron plenamente indentificados con aquella música y aquellas canciones que transmitían la rabia de una generación que veía como sus expectativas de futuro comenzaban a ser inalcanzables, sintiendo una alineación sobre el resto de sus compañeros de clase. Aquellos adolescentes que preferían leer y escuchar música y que odiaban formar parte del prototipo del joven exitoso que la América de los 80’ había impuesto gracias a la figura del “yuppie”. El propio Poneman dijo que “el éxito de los grupos de Seattle se basaba en que todos estos jóvenes no encontraron ninguna otra opción de salida en su propia sociedad”.

A finales de 1988, la ciudad de Seattle era el obligado destino para todas aquellas bandas que deseaban hacerse un nombre y llegar a un público más amplio. Los locales comenzaron a darse cuenta de la importancia que estaba tomando la que sería la explosión musical más importante de la década de los 90’. La gente acudía a ver a Alice In Chains, Pearl Jam, Mudhoney, Ten Minute Warning, Coffin Break, Blood Circus, Nirvana, Hammerbox, Feast, Green River, Love Battery, 7 Year Bitch y un sin fin de jóvenes bandas que emitían gruñidos con sus guitarras. No se sabe quién o quiénes bautizaron este movimiento, pero el nuevo sonido “Grunge” (algo así como gruñido, en español) iba tomando importancia en los medios de comunicación americanos. 

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En 1989, el desaparecido semanario musical británico Melody Maker, publicó un amplio reportaje titulado “Seattle, Rock City” en donde el redactor Andy Catlin contaba su experiencia durante los días que estuvo en la ciudad, relatando cuando Pavitt y Poneman le llevaron a un concierto de Mudhoney y pudo vivir la sensación de libertad creativa y cultural que se respiraba en el ambiente. Por su parte, la prensa norteamericana ya ensalzaba el emergente movimiento cultural, a pesar de que muchos de aquellos grupos locales comenzaron a odiar la atención que la prensa mundial les estaba mostrando. En 1991, Sub Pop comenzó a tener serios problemas económicos debido, en parte, a que muchos de los grupos que acogieron en el pasado les estaban dejando para fichar por grandes compañías discográficas. Pavitt y Poneman se reían de la imagen que muchos músicos proyectaban, asegurando que, aunque ganaban mucho dinero, aún mantenían su espíritu independiente, asegurando sus continuas crisis y depresiones (los dos ingeniosos colegas diseñaron y distribuyeron una camiseta en la que se podía leer con total claridad: “WHICH PART OF WE HAVE NO MONEY DON´T YOU UNDERSTAND?” (¿QUÉ PARTE DE NO TENEMOS DINERO NO ENTIENDES?), más claro agua).
NO IMPORTA

Durante todo el año 1991 parecía que las cosas se habían calmado un poco. ¿Un poco? No lo creo. Con la llegada del otoño y la salida al mercado del segundo disco de los hasta ahora apenas comentados Nirvana se puede afirmar que “las cosas se salieron de madre”. El video clip del primer single del Nevermind, “Smells Like Teen Spirit”, que programó la MTV de manera continua y que mostraba al grupo interpretando la canción en la cancha de baloncesto de un instituto, animando a los adolescentes allí reunidos a destrozar todo lo que encontraban a su paso, causó un auténtico “shock” mediático. El trío, que hasta la fecha, sólo poseía un cierto eco en la escena local, se convirtió en el punto de mira de todas las publicaciones y demás medios de comunicación musicales. Kurt Cobain, el cantante, guitarrista y compositor de la banda se vio de la noche a la mañana encumbrado en el líder de una nueva generación que los medios la habían bautizado como Generación X, nombre que sacaron del título de una novela de Douglas Coupland.

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El sonido Seattle

Rápidamente, Nirvana y muchas otras bandas de Seattle comenzaron a vender lo que nunca hubieran imaginado. Pearl Jam, otra de las formaciones locales, coparon los primeros puestos de ventas con su disco de debut “Ten”. Lo mismo le ocurrió a Soundgarden con su álbum “Superunknown” o a Alice In Chains con “Dirt”. Trabajos todos ellos de gran calidad. Pero los nuevos y exitosos grupos tenían derecho a ganar dinero (como lo habían hecho sus ídolos en el pasado) y muchos firmaron por grandes discográficas. Mientras que Nirvana había publicado Nevermind con la compañía de David Geffen, Alice In Chains hizo lo mismo con Columbia y Pearl Jam con Epic. 
Una nueva moda había nacido y, cómo no, las más importantes revistas del negocio, como Vanity Fair, se encargaron de mostrarla en sus portadas. Fueron los años de los vaqeros roídos, las camisas de cuadros y las melenas largas y grasientas. La verdad es que no había vuelto a ocurrir un movimiento musical tan influyente desde el asalto británico del Punk, en 1977. 

El sonido “Seattle” reinó durante 1992 y 1993, años en que sus representantes publicaron excelentes discos que hoy, una década después, apenas han perdido vitalidad, manteniendo su casi intacta su vigencia. Mientras que Pearl Jam y Soundgarden mantuvieron la calidad de sus grabaciones, cada vez más cercanas a las grandes audiencias, Nirvana, de la mano de su líder, quiso “despegarse” de la agobiante popularidad con el anti-comercial In Utero, que, aunque no vendió tanto como “Nevermind”, también alcanzó los primeros puestos de las listas de ventas. 
En 1994, tras la muerte de Cobain, el fenómeno “Grunge” comenzó a decaer desde el punto de vista de la popularidad (hay que resaltar que la calidad musical siguió vigente a lo largo de los sucesivos años, acorde con la madurez de los propios músicos). Para la mayoría de críticos y fans, el Grunge murió con la disolución de Soundgarden en 1997, a pesar de que algunas de las formaciones pioneras continuaron adelante, como es el caso de Pearl Jam. Pero la verdad es que el Grunge murió en 1992, cuando Kurt Cobain fue fotografiado junto a su recién nacida hija con una camiseta negra en la que se podía leer: “Grunge Is Dead”. 

La historia del Grunge resumida

Es completamente válido, aunque algo exagerado, que el Grunge nació a finales de los 60’, cuando Jimi Hendrix cogió su guitarra y subió el volumen de su amplificador a 11. 

  1. Entre 1980 y 1984 reinan The Melvins, dignos sucesores de Black Sabbath y herederos del sonido “heavy” de la pasada década.
  2. En 1985, C/Z Records publica el legendario recopilatorio “Deep Six”, con maquetas de las bandas locales que más estaban molestando a sus vecinos: Malfunkshun, Green River, Skin Yard, The U-Men y, por supuesto, The Melvins.
  3. En 1986, el mecenas del Grunge, Jonathan Poneman, ve la luz cuando asiste a un concierto de una banda llamada Soundgarden. El grupo le invita a una cerveza y Poneman les corresponde con un contrato para su recién estrenado sello discográfico Sub Pop. El grupo acepta y todos se van a sus casas, varias horas después, a dormir la “mona”.
  4. En 1987, Sub Pop edita una limitada tirada de “Scraming Life”, el EP de debut de Soundgarden. El estreno propicia entre los jóvenes músicos de la zona todo tipo de comentarios, destacando “¡Eh!, ¡yo puedo hacer eso, colega!”.
  5. En 1988, un listillo con ganas de figurar (y que nunca figuró) bautiza el emergente movimiento juvenil y un tanto ruidoso con el primer adjetivo que le viene a la mente: Grunge. Su definición pasó a la historia. Él, no.
  6. En 1989, Nirvana graba su álbum de debut por “cuatro duros” y dos ejecutivos de una importante multinacional discográfica son ingresados en un centro de salud, bajo el diagnóstico de “no es bueno para su salud mental repetir de manera constante: ¡Eso es imposible!, ¡Eso es imposible!”.
  7. En 1990, los peludos que hasta entonces sólo habían emitido gruñidos y ruido, convirtiendo la vida de sus vecinos en un infierno, continúan emitiendo gruñidos y ruido, reiterada actitud que repercute de una manera igual de negativa en la vida de sus vecinos.
  8. En 1991, un disco que lleva por título “No Importa”, perteneciente a un grupo, cuyo anterior trabajo se llamaba “Lejía”, gusta a todo el mundo y el grupo se “forra”.
  9. En 1992, The Melvins, los abuelos y creadores del movimiento musical que ha hecho ricos a sus nietos, consiguen un buen contrato discográfico. Su sueño se ha cumplido.
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