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Zappa: 10 años huérfanos de madre (2)

Si te has perdido la primera parte… “Zappa: 10 años huérfanos de madre

No obstante, el proyecto de Zappa nunca se detuvo. Ni diversas circunstancias personales (el incendio de su equipo durante un concierto, hecho que inspiró la letra de “Smoke on the Water” de Deep Purple, o la grave agresión propinada por un fan), ni los vaivenes ocasionados por la industria (principalmente, una larga batalla legal con la Warner por la edición de sus discos) acabaron con su proyecto político. Zappa en los 70 profundizó en su búsqueda de la fusión como elemento clave en la configuración de una obra unitaria, en la que cada parte (cada disco, cada canción) no se entiende fuera de su unidad. Zappa consideraba que todos sus discos no eran más que parte de un gran disco, en definitiva, de un discurso político coherente basado en la libertad del individuo y en la ruptura de los tabúes. Éstos incluían a los puristas: Zappa fue un pionero de la fusión, y su obra está compuesta por piezas instrumentales, rock, electrónicas, big bands y jazz. La voluntad de unidad de su obra parte de lo que él llamo la “continuidad conceptual” (juegos de referencias cruzadas de sus canciones) hasta profundizar en interrelaciones más complejas: Zappa entiende que cada declaración que hace, que cada película que filma, que cada nota que escribe, forma parte de este proyecto. Zappa era consciente de que escribir una nota musical era un cuestión política.

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Poseedor de una vastísima cultura musical (en unas declaraciones de principios de los 90 alaba la música del grupo español Ketama), Zappa es un músico único en tanto que se mueve como pez en el agua conjugando sus diversas influencias musicales: por un lado, el R&B de los años 50 (Muddy Waters, Johnny “Guitar” Watson, Big Mama Thornton); y, por otro, la música instrumental contemporánea (Varèse, Stravinsky, Bartok). Zappa establece diálogos constantes entre ambas vertientes, tanto en su faceta de compositor como en la de director orquestal. La fusión fluye, totalmente desprovista de artificio, a lo largo de sus LPs de los 70: “Apostrophe (’)”, “One Size Fits All”, “Zoot Allures”, “Zappa in New York”, “Sheik Yerbouti”, etc.


Y es a caballo entre los 70 y los 80 cuando la obra de Zappa ofrece una clara evolución temática en su discurso. Si hasta el momento sus críticas iban a parar hacia la industria musical, es a partir de finales de los 70 cuando Zappa empieza a pensar en la industria como instrumento del gobierno. Así, su ópera rock de 1979, “Joe’s Garage”, una reflexión sobre la censura en la creación artística, supone un vaticinio de los nuevos tiempos: en 1980 Ronald Reagan es investido presidente de los EE.UU., y Zappa se convierte en un continuo opositor de su política. Es por esto que en el video-clip “You Are What You Is”, vemos una dramatización que no deja lugar a dudas: aparece Zappa propinando descargas a un Ronald Reagan sentado en una silla eléctrica. El vídeo es censurado en la MTV, lo que supone el divorcio absoluto entre Zappa y la nueva televisión musical. Tras haber acogido Zappa la llegada de la MTV con un cierto entusiasmo (creía que sería una buena plataforma para los grupos nuevos, aparte de un instrumento importante para la búsqueda de nuevas formas de expresión basadas en la música), este hecho supone el punto y final de sus esperanzas hacia la industria musical. A partir de entonces, centrará todos sus esfuerzos en la lucha por la libertad de expresión, llevando a cabo multitud de acciones civiles contra cualquier forma de censura instigada desde la administración.


Así, 1985 presenta a Zappa con un discurso maduro y plenamente elaborado. En su declaración ante el Senado, tachó de censura la voluntad de etiquetar los discos, y dijo que esta medida era “el equivalente a tratar la caspa con la decapitación”, apostó por la potenciación de la educación musical en las escuelas y defendió el derecho de los músicos a componer sin la presión de ser estigmatizados por una pegatina en sus discos que alertase del lenguaje de las canciones. Zappa negó la relación entre música y conducta, cuando años más tarde resumía su postura: “La mayoría de las canciones son de amor. Si las canciones te influyeran para hacer cosas, nos amaríamos entre todos”. Y advirtió, en definitiva, de los peligros que supone el control artístico por parte de los grupos religiosos de derechas: “¿Qué pasaría si en el futuro se puede que se escriba una gran letra “J” de color amarillo en todos los discos escritos o tocados por judíos para evitar que los niños indefensos se expongan a mensajes sionistas ocultos?”. Finalmente, la industria cerró filas y las sesiones acabarían con un acuerdo de etiquetado que todo el mundo conoce hoy: la pegatina “Parent Advisory: Explicit Lyrics”

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