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Zappa: 10 años huérfanos de madre (3)

Espero que no te hayas perdido la primera y la segunda parte!

La obra de Zappa en los 80 sería aún más interesante que la de las décadas anteriores. Tras las sesiones del Senado, Zappa se convierte en una voz que clama por la libertad de expresión y por la puesta en marcha de campañas informativas para desenmascarar a los grupos de presión de derechas en una sociedad, la de la administración Reagan, tan endeudada con estos grupos. Así, en 1988, Zappa saca a la carretera a una decena de músicos con los que gira, durante unos cinco meses, por parte de Estados Unidos y Europa. En año electoral en su país, Zappa hace continuos llamamientos en sus conciertos a la movilización ciudadana, pide a los jóvenes que voten, e incluso lleva a sus actuaciones formularios de inscripción en el registro de voto. Zappa potencia en esta gira su vertiente periodística (consideraba que su labor de músico utilizaba técnicas periodísticas porque reflejaba la sociedad de su tiempo) y arremete en sus canciones contra los telepredicadores, los republicanos y cualquier asociación que intente poner trabas a la libertad de expresión. Denuncia en estas canciones el Irangate, el programa de misiles “La guerra de las galaxias”, el enriquecimiento personal de los gobernantes republicanos y las políticas sociales de este partido. Sin olvidarse de las críticas a la industria musical y al fenómeno del fan, con burlas a Elvis Presley o Michael Jackson. Tras acabar la gira, se editarían tres álbumes con este material en directo: “Broadway the Hard Way”, “The Best Band You Never Heard in Your Life” y “Make a Jazz Noise Here”.

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Y es entonces cuando publica su autobiografía, “The Real Frank Zappa Book”, síntesis de su pensamiento político. El músico se presenta como un “conservador práctico”, felizmente casado desde los años 60, padre de cuatro hijos y amante del trabajo. Confiesa no confiar más que en su familia. Expresa en el libro sus ideas sobre lo que debe ser una educación adecuada para los niños. Defiende su postura en contra de las drogas. Explica el contenido de algunas de sus canciones y resume la conducta humana en una palabra: la “estupidez”. Según su teoría, en la estupidez y la ignorancia se encuentran los principales problemas de la sociedad estadounidense.


El final de la década nos trae a un Zappa en plena actividad política, ayudando incluso, durante un breve contacto, al gobierno checo de Havel en tareas culturales. No obstante, en 1990, se le diagnostica a Zappa un cáncer de próstata. Con estados de convalecencia que se harán cada vez más prolongados, se encierra en una obsesión: ordenar su monumental obra. Intentando que la enfermedad no interrumpa su ritmo de trabajo (era, desde siempre, un auténtico adicto al trabajo), reedita sus más de sesenta álbumes, combate la piratería editando él mismo los mismos discos piratas que había en el mercado con su obra, deja instrucciones de edición de material inédito para su edición póstuma, se centra en la producción de música instrumental, desarrolla la composición de piezas electrónicas y llega incluso a interesarse por un proyecto de música global (toca en su estudio con lo Chieftains) tras el fracaso de sus negociaciones con el ayuntamiento de Madrid para instalar en la capital española una especie de Bauhaus musical que desarrolle diversos proyectos en el marco de las celebraciones de 1992. Finalmente, Zappa muere en diciembre de 1993, a pocos días de cumplir los 53 años de edad.


Experimentador arriesgado, músico capaz de escribir en cualquier estilo, admirado por eminencias del mundo de la música clásica como Zubin Mehta o Kent Nagano, productor e impulsor de nuevos grupos y artistas (entre ellos, Alice Cooper), descubridor de talentos musicales (el guitarrista Steve Vai), autor de una vasta y compleja obra que incluye no sólo discos, sino también películas y productos televisivos, principal fuente de inspiración reconocida de Matt Groening (el autor de los Simpson), su análisis social y sus propuestas de solución serán recogidas, tras su muerte, por autores como Michael Moore (el director de “Bowling for Columbine”). Zappa es una personalidad de difícil estudio, que huye de las catalogaciones. No obstante, sí existe un punto de partida: uno de los creadores más originales y creativos del rock. Y, sin duda, el mayor dotado intelectualmente. El que más consciente era de las implicaciones que tiene el oficio de músico. A diez años de su muerte, con un nuevo Bush en la Casa Blanca, un sector amplio de los artistas norteamericanos han aprendido la lección y continúan la labor que Zappa llevó en solitario en los años 80 Ése es, tal vez, el mejor legado que se extrae en cada una de sus canciones y de sus manifestaciones: la libertad individual y la oposición a cualquier ataque contra ésta. Un legado ético y moral para tiempos difíciles.

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